jueves, 1 de octubre de 2015

Un acuerdo de mínimos

Dios llevaba preocupada un tiempo. Estaba terminando un documento importante para Moisés y quería asegurarse de darle el toque adecuado. Así que llamó a su buen amigo el Diablo, quién sabía que tenía mucha mano entendiendo a las personas, para pedirle opinión.

- Hola, Dios, ¿cómo va eso?

- Hola, querido, me gustaría que leyeras esto.

- ¡Un placer! ¿Qué es?

- Mis Diez Bendiciones. Contienen el secreto de la felicidad. Amo tanto a las personas que he decidido compartirlas con ellos.

- Guau, suena interesante. Ok, vamos a ver...

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Las Diez Bendiciones de Dios

1. Sabe que Dios es Amor y que Dios lo es Todo. Y ese "Todo" te incluye a Ti.
2. Que todo lo que digas sea algo que me dirías a mí.
3. Haz todos los días santos. Y disfruta dando a tu cuerpo, tu mente y tu espíritu el descanso que merecen.
4. Sé feliz - y hazles saber a tus padres que lo eres.
5. Respeta, honra y celebra toda vida.
6. Mantén las promesas que hagas a tu pareja.
7. Siéntete feliz por otros cuando hagan fortuna.
8. Di la verdad.
9. Sé puro en tus pensamientos sobre los demás y ve la pureza en ellos.
10. Posee tus propias cosas, y siéntete libre de ellas.
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- ¿Y bien? ¿Qué te parece? ¡Qué ilusión me hace!

- ...Bueno... No sé...

- ¿Qué? ¿Qué quieres decir?

- No lo van a pillar.

- ¿¿¿Qué???

- Cómo puedo decirte esto. Ya sabes que en términos evolutivos, los seres humanos apenas acaban de descubrir lo que es el amor. Si les hablas en clave de amor, hay riesgo de que se aparten de ti. Por Dios, ya les has visto, ¡si piensan que eres un señor mayor! Definitivamente, no están preparados para esta lista. Sé que tu intención es buena, pero me temo que esto va a ser más bien contraproducente.

- Ya veo... te entiendo. Pues es una pena.

- Espera. Puede que hyaena solución intermedia. Qué tal si cambiamos la lista un poco. Como ellos te ven como una Autoridad, haz que suene un poco más... Autoritaria, para que se encuentren cómodos. Llámalos "Mandamientos", "La Ley", por ejemplo, en vez de "Bendiciones". Usa la palabra "no", les encanta. Ofréceles un acuerdo de mínimos. Algo que puedan entender. Lo justo para que les quede claro qué NO tienen que hacer para estar Ok contigo.

- Pero ¿y si eso hace que Me teman, más que Me amen?

- Bueno, han vivido con el miedo durante diez millones de años, incluso antes de que fueran humanos. Les es muy familiar. Tienes razón. Vamos a hacer algo: ¿no me dijiste que tu Hijo quería bajar allí abajo y contarles en persona la auténtica Verdad, que tú eres Amor y que están hechos de Amor? ¿Que ellos mismos son Amor?

- Sí, Yo también quiero que lo haga. Será maravilloso.

 - ¡Sí, pero no ahora! Espera un poco... mil años o así. Para que tengan tiempo de acostumbrarse a la lista. Entonces, ¡deja que tu Hijo baje y la cambie para siempre!

- Ok. Vamos a intentarlo.

- ¡Bien dicho! Ahora, deja que yo me encargue de los detalles. Por supuesto, dejaré que la veas y la apruebes antes de dársela.

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Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el Nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
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sábado, 26 de septiembre de 2015

¿Es suficiente El Secreto?

Alerta de destripe: Sí que lo es. Solo que no por la razón que solemos pensar.

Sabemos cómo funciona: una de las Leyes más poderosas del Universo es la Ley de Atracción.
Su significado: en lo que crees, te conviertes. Aquello en lo que crees, lo atraes a tu vida.

Ahora bien, como dijo Han Solo, "podemos imaginar muchas cosas". ¿Es eso suficiente? ¿Es el solo pensamiento de creer en algo bastante como para que ese algo se haga realidad?

SÍ. Rotundamente. Pero - hay un truco. Una condición fundamental. Y está, precisamente, en lo que realmente significa "creer".

¿Alguna vez has creído de verdad en alguien? ¿O en algo?
Vamos al grano: ¿Alguna vez has creído de verdad en ti?

Sí lo has hecho, te habrás dado cuenta de algo increíblemente bello: la única -la única- forma de creer de verdad en algo, de creer de verdad que algo va a ocurrir, es QUERER que suceda.

Es cuestión de cómo funciona nuestro inconsciente: si mi inconsciente no quiere que algo suceda, hará que yo no crea realmente que vaya a suceder (incluso si mi consciencia piensa que sí que creo en ello).


Así que esa es la primera condición: solo si QUIERO que algo suceda, puedo realmente CREER que sucederá.

Y entonces, se da una segunda condición mágica: cuando realmente CREO en algo (esto es, si, antes de nada, QUIERO que suceda), entonces HARÉ que suceda. Haré todo lo que pueda, todo lo que esté a mi alcance y más allá, para que se haga realidad.

¿Creo que puedo cambiar? ¿Creo que puedo convertirme en la mejor versión de mí mismo? Esa es una cuestión que puedo comenzar con otra previa: ¿Realmente quiero cambiar? ¿Quiero convertirme en la mejor versión de mí mismo? ¡Claro que quiero! Y entonces... no sé por qué, aún no he sido capaz de lograrlo, de ponerme en marcha. Y eso me da una pista maravillosa: que hay algo que puedo resolver antes de nada.

Entonces, tras resolverlo, puedo estar totalmente seguro de que lo QUIERO. Y a continuación, sentir la inmensa alegría que viene con la sensación, la consciencia de que realmente CREO en ello. Y entonces... verme a mí mismo convertirme en un instrumento para que suceda. Sentirme responsable, a cargo del proceso de HACER que suceda.

Por eso el Secreto es tan poderos. Por lo que significa realmente. Y significa una epifanía radical, una relevación que te cambia la vida. Cuando crees, te conviertes en el protagonista de tu propio proyecto. De tu propia vida.



viernes, 10 de julio de 2015

¿Eres ingeniero? Por favor, hazte coach

Cuando alguien quiere conseguir un cambio realmente importante en su vida, es inmensamente recomendable que contrate a un coach profesional.

Ahora, los coaches salen de todos los rincones de la vida. Y si hay una formación de la que salen coaches particularmente buenos, esa es la ingeniería.

¿Por qué demonios?

Hay varias razones para ello:

1. Un ingeniero piensa en sistemas.
Y el ser humano es un sistema.

De hecho, el cerebro humano es un sistema. O todavía mejor, un sistema de sistemas, dentro de un sistema (siendo los seres humanos una red de cuatro sistemas) dentro de un sistema. Estamos hablando del anidamiento de sistemas más complejo del universo.

Lo que lo hace aún más atractivo para un ingeniero, porque la idea de "sistemas anidados" se aprende y se integra muy pronto en el entrenamiento de le mentalidad del ingeniero.

2. A un ingeniero le encanta programar.

Y una forma increíblemente potente de programación, la Programación Neuro-Lingüística, es la base de la ciencia y el arte del coaching.

¿Dónde está el matiz? En que en la ingeniería, es el ingeniero quien programa. En el coaching, es la persona, no el coach, quien se ocupa de su propia reprogramación.

3. A los ingenieros les ENCANTAN los retos.

Es más, La Idea más primaria que está grabada en la mente de un ingeniero es que "todo problema tiene solución". Un ingeniero piensa en términos de problemas, más allá de la preferencia social de "pensar en problemas".

Es, rotundamente, lo mismo para el coaching. Y, al mismo tiempo, la resolución de los problemas humanos, los Seres Humanos, son El Reto Último, la frontera final para un amante de los retos y solucionador de problemas bien entrenado.

4. El coaching no tiene nada, absolutamente nada que ver, con el esoterismo.

El coaching es el territorio de la más pura ciencia. Un territorio en el que un ingeniero se sentirá en casa.

5. La visión de un coach es siempre imparcial.

Como la de un ingeniero. No hay filtros, no se asume nada, no hay interferencia; a un coach le encanta trabajar desde la realidad, ama la realidad y acepta la realidad tal como viene. Desde ahí, la mentalidad del coach se maravilla con el poder de La Persona.

6. No hay ingenieros-estrellas.

Un ingeniero trabaja desde el anonimato. Nadie conoce al ingeniero tras la obra maestra. Como tampoco hay coaches-estrellas. Es el papel del coach convertirse en un facilitador, un creador de entornos, de las condiciones idóneas. Entonces, la persona -con la que camina el coach- es La Estrella, la gran Maestra de una maravilla hecha a sí misma.

7. La mente de un ingeniero está preparada como ninguna para entender que hay algo más ahí fuera.

Mucho, mucho más de lo que se ve a simple vista. Un ingeniero entiende que el hecho de que seamos capaces de medir algo depende, únicamente, de la condición de que poseamos los instrumentos de medida adecuados. Ha sido así a través de la Historia, una y otra vez.

Si aún no somos capaces de entender algunos conceptos sobre el ser humano es, únicamente, porque aún no hemos imaginado los instrumentos para medirlos.

¿O quizá sí?



domingo, 24 de mayo de 2015

Una bandeja de pastas

[La historia siguiente es totalmente cierta. Todo pasó tal cual aparece].

Antes de crear su propia compañía, la emprendedora creativa trabajó para una empresa mayor. Allí destacó rápidamente y recibió pronto la oferta de su jefe, un vicepresidente de la compañía, para irse a ocupar un nuevo puesto en una filial en el extranjero.

El día antes de viajar, sintiéndose triste por dejar a sus compañeros, llevó varias bandejas de pastas de té al trabajo. Dejó una junto a la máquina de café de cada planta.

Poco después de hacer esto, recibió una llamada. Era la secretaria del consejero delegado.

-'El jefe querría verte, por favor. Ha visto la bandeja de pastas que has dejado en nuestra planta y quiere despedirse de ti personalmente'.

Se sintió descolocada. Nunca había hablado con el gran jefe. Por supuesto, tomó inmediatamente el ascensor a la última planta.

-'Hola, me encantaron las pastas, ¡no sabía que te ibas al extranjero! Cuéntamelo todo', le dijo el consejero delegado.

Y eso hizo. Estuvieron hablando más de media hora, lo que, como sabes, es un montón de dinero, porque el tiempo de un consejero delegado es muy valioso. Y, de hecho, se quedó con la sensación de que se habían caído muy bien.

Volvió a su planta y a su mesa, y allí recibió una segunda llamada. Esta vez, de la secretaria de otro vicepresidente.

-'El vicepresidente querría verte inmediatamente, por favor'.

Esta vez se sintió regular, porque sabía que este vicepresidente no se llevaba especialmente bien con su propio jefe.

-'No apruebo este viaje', le dijo. 'Es innecesario y recomendaré que se cancele. Lo siento, sé que tienes todo listo para volar mañana'.

Se quedó destrozada. No era solo el vuelo; todos los preparativos estaban hecho, tanto en casa como en el país al que se iba. Todo quedaba de repente en nada. Y sabía que este vicepresidente lo decía en serio, porque tenía suficiente poder como para prohibirlo, mucho más que el que su propio jefe tenía para impulsarlo.

No sabía qué había hecho mal, por qué el vicepresidente la había tomado con ella. Aún era joven e inexperta; no sabía que a veces, las cosas no te pasan por ti, sino que te salpican desde la historia de alguien más.

Pasó más de una hora. Y entonces, el teléfono de su mesa volvió a sonar. Era de nuevo el mismo vicepresidente.

-'Ok, te vas mañana. Quiero que sepas que no lo apruebo pero, de todas formas, te vas'.

No entendía nada.

Y entonces, recibió otra llamada. Era la secretaria del consejero delegado.

-'Sabes lo que he pasado, ¿verdad?'

-'...No, no tengo ni idea'.

-'El vicepresidente llamó al consejero delegado para prohibir tu viaje, como forma de fastidiar a tu jefe. Pero el consejero se había quedado tan conmovido por tu entusiasmo, por cuánto quieres aportar en tu puesto en el extranjero, que lo desautorizó. Lo pillas, ¿verdad?

-'Creo que...'.

-'Te vas al extranjero gracias a tu bandeja de pastas. Recuerda hoy como el día en que aprendiste que puedes cambiar tu vida con algo tan pequeño como una bandeja de pastas'.



sábado, 2 de mayo de 2015

Un auténtico pastel de cumpleaños

El emprendedor creativo entró en un café, uno de esos con un aire tan especial, tan íntimo, que sientes que pequeñas cosas realmente bellas pueden suceder en cualquier momento y pasar desapercibidas para cualquiera, excepto para un ojo atento.

Y allí, al fondo de la sala, vio una pequeña luz. Se acercó y pudo ver a una señora. Era mayor, bella, elegante y serena, como un espíritu blanco. Y estaba sonriendo, sentada sola a una mesa con un pastelito sobre el que ardía una sola vela.

Se sintió tan conmovido que no pudo más que empezar a hablar con ella, curioso:

- 'Qué maravilla que esté celebrando hoy su cumpleaños. No puedo adivinar su edad, aunque a mis ojos me parece usted muy joven. ¿Quizás puedo entender que los años que han pasado están todos reunidos en esa única vela que está a punto de apagar?'

La mujer le miró, entre sorprendida y divertida.

- 'Bueno, casi lo has pillado, mi querido amigo. Pero me temo que es justo lo contrario. Verás: hoy no es mi cumpleaños en el sentido de que yo tenga tantos o cuántos años - y créeme, te sorprenderías.

Lo que estoy celebrando hoy no es mi pasado. Ese, lo acepto, lo honro, y lo agradezco.

Por lo que me siento hoy tan feliz, tan feliz que me vi empujada a celebrarlo, es el hecho de que por fin me he dado cuenta de que lo mejor está por llegar.

Hoy es el primer día del primero de los mejores años de mi vida. Estoy celebrando un comienzo. Estoy celebrando el futuro.

Por eso solo ves una vela sobre este pastel'.

Y, diciendo esto, sopló la vela. Y empezó a partir el pastel.

- '¿Quieres un trocito?'




jueves, 19 de febrero de 2015

El héroe trágico

Artículo de Carolina Morales, Coach Personal y Ejecutiva:

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Lawrence era uno de los directivos con más éxito en su organización, una multinacional de marketing directo con sede en más de 15 países, y de la cual yo formaba parte.

Tuve la oportunidad de compartir con él, junto a otro colega, un lujoso apartamento en una avenida céntrica de Lisboa, durante nuestros inicios en la apertura de la nueva sede portuguesa allá por el 2010.

Él era una de aquellas personas que se había creado a sí misma: había comenzado en Estados Unidos como vendedor y después de tan sólo 3 años se alzaba como Director Regional en Europa con más de 20 oficinas abiertas.

Era una persona totalmente abierta, un excelente comunicador y motivador y estaba completamente entregado a su trabajo y a sus equipos, además poseía una increíble capacidad de empatía y habilidades sociales que le permitían liderar su gran organización (por aquella época seríamos aproximadamente unas 200 personas) de un modo muy diferente al que estábamos acostumbrados.

Una mañana de tantas, me llama la administrativa y me pide reunirme urgentemente con Lawrence, que solicitaba mi presencia.

Al entrar al despacho del director, me encuentro con una escena que claramente no esperaba: Una gran cortina de humo de tabaco que inunda el despacho y un Lawrence plegado sobre su mesa con la cara totalmente enrojecida y entumecida por la intensidad de la llorera que llevaba teniendo varias horas.

Sentí que me encontraba con un chaval de 10 años que lloraba de rabia e impotencia ante una gran injusticia o desgracia.

- “Lawrence, qué pasa?” 

Entre sollozos y faltas de aire me dijo: -“Disculpa que te pida estar aquí, pero tengo una emergencia familiar en Estados Unidos y necesito que hagas el meeting de la mañana con el equipo de ventas, ya que yo no consigo presentarme delante de todos con esta cara.” 

- “Pero, ha pasado algo? ”

-“Nada importante, ni nada grave, no te preocupes. ”

No volví a preguntarle nunca más por los motivos de aquel drama…e hice la reunión como mejor pude.

Semanas después me entero por un compañero de que la razón de aquel numerito, que yo relacionaría con una grave tragedia familiar, se debía en realidad a uno de los encontronazos del Lawrence con el V.P. de la empresa, también americano, durante una conferencia telefónica. Lawrence veneraba como un Dios la figura de Matthew, el vicepresidente de nuestra empresa y lo consideraba “más que un hermano", por lo que cualquier discusión o desaprobación en alguna medida de la empresa por parte de él era considerado una desgracia.

Desde luego ese primer encuentro con el “otro Lawrence” me hizo cuestionarme hasta qué punto los líderes empresariales a los que idolatraba eran tan coherentes y estaban tan amueblados mental y emocionalmente como yo suponía.

Años después, Lawrence siguió escalando a gran ritmo puestos, éxitos y reconocimientos. Perdí mi relación de cercanía con él pero todos seguíamos su deslumbrante carrera muy de cerca.

Hasta el día de hoy es conocido por la mayoría de directivos de la empresa la existencia de ese otro Lawrence… el gran héroe trágico: una gran persona con una gran adicción al alcohol y a las drogas que le provocan constantes ataques de ansiedad, depresión, problemas de salud…; un cúmulo de relaciones personales, novias, amantes y affaires con finales trágicos (que parecen haber sido planeados por un guionista de telenovela), y una gran inestabilidad emocional que lo deja cada vez más solo y aislado en su carrera y en su posición en la empresa que refleja esta espantosa vida personal.

Pero por qué alguien con tanto talento, éxito y carisma destruye su carrera y su vida de ese modo?
Porqué nadie le advirtió del camino errado y de las dañinas decisiones que estaba tomando?

Todos conocemos casos como el de Lawrence, en nuestro entorno laboral, familiar o incluso en el mundo de los deportes o del espectáculo… personas que parece que lo tienen todo y de repente sus vidas son salpicadas por el drama y los despropósitos y acaban precipitándose contra el suelo.

Definitivamente siempre hay una evolución, un pensamiento, una decisión y un movimiento de cada vez. Y si hay algo que he aprendido de mis clientes durante procesos de coaching es que nada comienza de la noche a la mañana.  

En este caso concreto, siempre hubo señales de alarma. Pero como Lawrence, muchos líderes van tan deprisa que son incapaces de parar para observar esas señales.


En el caso de su entorno empresarial, he de decir que un líder como él siempre estuvo rodeado de personas que aspiran a tener el mismo éxito para ellos mismos. En el caso de Lawrence, como en el de tantos otros, su organización deseaba el propio éxito de su director y si el precio a pagar era pasar por alto algunas señales de aviso y alarmas rojas, pues así era.

Y por qué personas tan triunfadoras que han trabajado tan duro sabotean su propio éxito echándolo todo por la borda?

Todos pensaríamos que si alguien invierte tanto tiempo y energía para poder triunfar, invertirían tan sólo un poco de esa misma energía en asegurarse que su éxito fuera sostenible.

Realmente esto tiene sentido, pero hay una clave que se nos escapa: “Muy pocas personas se paran a pensar en qué es preciso para mantenerse en el éxito, porque están muy ocupados intentando conseguirlo y en llegar a más y más.”

En este sentido y con el tiempo he llegado a entender que la mayoría de las personas no entienden realmente que implica tener éxito y, por lo tanto, acaban siendo su propio saboteador.

Según Greg Salcicciooli en el libro Enemigos de la Excelencia, existen 7 niveles de riesgo implícitos en el liderazgo que llevan al más completo desastre:

  • Enemigo número 1: Egoísmo
  • Enemigo no. 2: Mala gestión de la vida personal.
  • Enemigo no. 3: Hábitos negativos.
  • Enemigo no. 4: Indulgencia.
  • Enemigo no. 5: Ruptura de relaciones.
  • Enemigo no. 6: Aislamiento.
  • Enemigo no. 7: Auto-sabotaje.

Comenzando por el número 1: El egoísmo se considera el inicio de camino hacia la hecatombe. El líder comienza a verse con el poder y la influencia para tomar decisiones que alimentan su ego y benefician su propio interés y no el de la organización.

Se vuelven arrogantes y consideran al resto del equipo ignorantes o no preparados para la ejecución de determinadas funciones, por lo que dejan de delegar y asumen el protagonismo como parte del trabajo de lideranza.

Desde aquí, estos líderes pasan al segundo nivel de riesgo que es la mala gestión de la vida personal: En realidad esta mala gestión no es una consecuencia de la falta de tiempo, si no la falta de capacidad de establecer  prioridades que realmente importan.

Estos líderes comienzan a despreocuparse por su salud física, mental y emocional y dedican poco tiempo a sí mismos y a sus relaciones personales, colocando en primer y exclusivo lugar su carrera profesional.

Esto repercute y produce que pasen al tercer nivel de riesgo: Malos hábitos. Por esta falta de planificación y gestión de las prioridades, estos líderes, como en el caso de Lawrence, comienzan a sustituir las propias necesidades físicas (falta de horas de sueño) por cosas que parecen ayudar en el momento (cafeína, bebidas energéticas, azúcar en exceso), pero acaban  por perjudicar todavía más.

También pueden comenzar a buscar salidas para su stress en drogas, alcohol o aficiones un tanto peligrosas o arriesgadas que les da la adrenalina que necesitan para salir de la rutina.

El nivel número 4 se alcanza al llegar al estado de indulgencia: Si sumamos a estos malos hábitos, la facilidad de estos líderes en conseguir todo aquello que puedan desear, como consecuencia de su poder, capacidad económica, falsa confianza o carisma.. entramos en una fase corrupta sin prácticamente límites.

Esta capacidad de poder satisfacer todos los deseos del propio líder (deseos no equilibrados por estar el foco en sí mismo y por la falta de gestión personal en las prioridades ) desequilibria las relaciones familiares, de amistad y de pareja de los propios líderes, pasando automáticamente al nivel 5.  Como ejemplo podemos dar el caso de sobra conocido de Tiger Woods.

Este hecho suma al líder en un verdadero aislamiento en la que no consigue encontrar apoyo y cariño real puesto que existe un alejamiento de nuestras relaciones familiares, de pareja o de amistad que se ven perjudicadas por las consecuencias de los actos del propio líder. (Nivel 6).

En la última fase, nos encontramos con un líder ahogado por su propio drama y posiblemente inmerso en problemas legales, financieros, o en claro riesgo de muerte o enfermedad inminente. En la fase número 7, es muy común encontrarnos con que el líder se siente decepcionado consigo mismo y con una baja autoestima o falsa confianza. Por ello, cualquier oportunidad o decisión consciente que le permita mejorar su situación será auto-saboteada.

Para cualquiera que esté observando desde cerca resulta doloroso ver el principio del fin del propio líder. Existen muchos finales, claro está, y aunque muchos de ellos consiguen resolver su situación (no sin consecuencias) todos asistimos habitualmente al declive y drama final de muchos de estos líderes y/o famosos artistas (ejemplos como Amy WineHouse, Whitney Houston, Jimi Hendrix…).

Pero existe una salida de emergencia anti-pánico si el líder comienza a ser consciente de que algo no va bien?

Definitivamente sí existe, pero requiere siempre el sacrificio y la autodisciplina de querer cambiar, así como el perdón hacia nosotros mismos y la reflexión como hábito para parar y descubrir el verdadero sentido y camino del liderazgo en resonancia con nuestra cabeza, corazón y valores.



domingo, 15 de febrero de 2015

El mejor espadachín del Reino

Había una vez un caballero al que le gustaba alardear de sus habilidades con la espada. Era famoso, orgulloso y lleno de prejuicios, y nunca desaprovechaba una oportunidad de demostrar lo formidable espadachín que era.

Un día, caminando por la ciudad vieja rodeado de admiradores, se dio de bruces con un limpiabotas. El pobre hombre estaba recogiendo sus herramientas y su betún y no lo vio, con lo que los dos acabaron por el suelo, limpiabotas, caballero, espada, cordones, reliados en la larga y cara capa del espadachín, que se manchó bastante de betún y cera.

-'¡Juro por Dios que nunca vi un patán tan estúpido, tú, escoria! ¡Debería matarte por esto, si mi espada no fuese tan noble de no derramar otra sangre que la de un rival digno! ¡Cómo osas siquiera tocar la espada del mejor espadachín del Reino!'.

El pobre limpiabotas se sintió morir. Pero había oído hablar del espadachín más grande de todos y, siendo él mismo un soñador, no pudo evitar preguntar: 'Sois... Don Diego de Silva y Menéndez?'.

Esta fue la gota que colmó el vaso para el noble. 'Cómo te atreves... ¡ese NO es el mejor espadachín, ese es solo un gusano que dice serlo! ¡Morirás aquí y ahora!'.

El limpiabotas estaba lívido, cubierto de sudor frío. Rogó una vez más: 'Pero, milord, como vos mismo dijisteis, yo no soy digno de vuestra espada...'.

-'Tienes razón, babosa. Morirás por tu insolencia, pero no por mi espada. Si admiras tanto a ese Don Diego, ahora tendrás una oportunidad de vivir. Le buscarás y le arrebatarás su espada. Si consigues tener su espada en tus manos sin que te mate primero, entonces yo también te perdonaré la vida. Como sabes, ningún espadachín permitirá nunca que otro hombre tome su espada sin antes luchar hasta la muerte. Y si no lo consigues, entonces te mataré yo. Así que tú eliges: o mueres por su espada, o por la mía'.

El pobre hombre replicó: 'ni el más mínimo conocimiento de la espada poseo, milord. Si voy a morir, dejadme aprender al menos del mejor. Si vos lo intentáis primero y conseguís la espada de Don Diego, habré aprendido de vos, habréis prevalecido sobre vuestro rival como el espadachín más grande, y me mataréis de todas formas, así que seréis tres veces vencedor'.

El espadachín sintió el abrazo del orgullo y la gloria y respondió: 'así sea'.

Así que al día siguiente, buscó a su enemigo. Lo encontró en una callejuela y gritó: -'Don Diego de Silva y Menéndez, vive Dios que sostendré vuestra espada en mi mano antes de que podáis respirar'.

-'Por Dios, juro que tendréis que matarme primero, mi querido enemigo', replicó Don Diego.

Y ambos lucharon con fiereza. Que, siendo Don Diego mucho mejor espadachín, acabó con el malvado noble por el suelo y escapando de la muerte por un pelo. Y, tan pronto como se recuperó, se fue a por el pobre limpiabotas a reclamar su venganza. Siendo un hombre de palabra, el pobre hombre hizo honor a su promesa.

Al día siguiente, montó su humilde puesto de limpiabotas en una calle por la que le dijeron que solía pasar Don Diego. Nunca se habían visto antes pero cuando lo encontró, supo que era él.

Habló: -'Si mis ojos no me engañan, vos sois Don Diego de Silva y Menendez, El más grande y noble espadachín que este Reino ha conocido. Las hazañas de vuestra espada son cantadas por trovadores, y vuestra nobleza y valentía se reflejan en vuestro rostro'.

Don Diego se maravilló de que un limpiabotas se dirigiera a él de esa forma. 'Me complacéis, buen hombre, y quiero daros las gracias por ello. ¿Cómo puedo seros de ayuda?'

El limpiabotas se quedó en silencio y dudó un momento y, entonces dijo: 'jamás en mi vida me atrevería a pediros nada, milord, sino una sola cosa que querría rogaros antes de morir, y eso sería poder ayudaros yo'.

Don Diego sintió curiosidad y sonrió. -'¿ayudarme? ¿Cómo?'

-'Todo lo que poseo en este mundo está aquí conmigo, sire. Mis cepillos, mi puesto, mi betún. Así que ¿cómo podría sentir que os ayudo sino limpiándoos las botas por nada? Solo para vivir desde hoy y decirle a todos que una vez ayudé a Don Diego de Silva a ser mejor parecido en sus botas'.

Don Diego rompió a reír. 'Es pequeño favor el que pides. Por favor, límpiame las botas, pero te pagaré por ello, el doble si me satisface el resultado'.

El limpiabotas dio lo mejor de sí y aplicó a conciencia su mejor pulimento, cepillando y tornando el cuero gastado, reseco y manchado en una superficie viva y de un marrón profundo. Don Diego estaba atónito. -'Realmente eres el mejor limpiabotas que nunca conocí', le dijo.

Entonces se fijó en que la vaina y la empuñadura de su espada también estaban gastadas y resecas, y preguntó: -'¿Por favor, podrías obrar el mismo milagro con mi espada? Es mi posesión más preciada y querría que me durase muchos años más'. Y, diciendo esto, la soltó con cuidado de su cinturón y se la dio al hombre.

El limpiabotas sostuvo la espada del espadachín más grande en sus manos. Sintió lo ligera y equilibrada que era. La obra de un maestro espadero. Con todo mimo, extrajo la hoja de la vaina y la apoyó sobre su puesto. Se concentró en los puntos más débiles de la funda y el mango, y los arregló con una cera especialmente rica. Entonces bruñó cuidadosamente la funda, volvió a envainar la hoja y se la devolvió  su dueño.

-'Tomaste mi espada y trabajaste como si tu vida dependiera de ello, mi querido limpiabotas. Déjame compensarte por ello'.

-'Por favor, no me paguéis nada, milord. Solo con tomar de vos vuestra espada y sostenerla en mis manos, habéis cambiado mi vida por completo. Esa es recompensa suficiente'.

-'Entones seamos amigos por el resto de ella. Como mantengo una deuda con vos, dejadme pagaros con mi vida. Desde hoy, defenderé la vuestra con la mía. Si alguna vez quienfuera os molestase o amenazase, se encontrará con mi espada de por medio'.

El limpiabotas hizo una profunda reverencia ante su amigo, quien también hizo una reverencia ante él. El único hombre sobre la tierra que pudo nunca tomar la espada de Don Diego, de sus propias manos.